22 mayo 2011

Contento

Hoy está contento

Cuando está contento
las palabras se vuelven más
superficiales,

Cuando está contento
los adjetivos complicados no vienen a sí.

Cuando está contento
repite las expresiones y la estructura es fácil.

Cuando está contento
es más rápido de entender, y más llevadero leerlo.

Cuando está contento
todo le parece más brillante.

Cuando está contento
se le aparecen colores que cuando estaba triste no veía.

Cuando está contento
el tiempo triste se desentiende, como cuando
hacés cola para algo, y llegás.

Cuando está contento
no puede creer que estaba triste, cuando ser feliz es
tan simple.

Cuando está contento
se pone algo repetitivo.

Cuando está contento
no le importa si no le responden.

Cuando está contento
camina más rápido.

Cuando está contento
la lluvia no es ropa mojada, sino ruido en el paraguas.

Cuando está contento
no tiene problemas en ir a cualquier lado.

Cuando está contento
estudia para ser mejor, no para aprobar.

Cuando está contento
deja pasar a los autos antes de cruzar
y piensa "Quizá va a ver a sus hijos"

Cuando está contento
sonríe para que le sonrían,
no para que lo traten bien.

Cuando está contento
no le importa que el kiosco no tenga cambio,
y le dé caramelos.

Cuando está contento
las chicas le preguntan si sabe tocar
la guitarra que lleva en la mano.

Cuando está contento
el
subte está lleno de caras,
no de gente.

Cuando está contento
se da cuenta que no es la misma persona.

Cuando está contento...

Cuando está contento
extraña estar triste.

15 mayo 2011

100101011

A veces, olvidarse de la propia escencia
es tan fácil como conectarse a Internet.
Ceder tus sentidos, tu conocimiento,
tu creatividad y tu fuerza de Voluntad,
vuelta Iniciativa, a una computadora.

La desaparición psicológica y espiritual vía web
es la práctica catártica más simple hoy en día.
Es aquella donde las grandes pequeñas poblaciones,
dueñas de apenas sí mismas, convergen con los más
deslustrosos pecados ortográficos,
o con los más honorables fines, en contraposición.

Las almas binarias se abrazan, besan y
comprometen en una escafandra tan estúpida,
sosa y mefijusta como la fuente Calibri.

Los árboles se tornan banners, el cielo en wallpapers,
la mismísima tierra se vuelve una barra de tareas.

Nosotros somos una asquerosa flecha blanca
que no es capaz ni siquiera de girar sobre sí misma.
Una flecha que no tiene ni ojos, ni pies, ni alma.

Lo mejor, lo irónico, es que TODOS,
tarde o temprano, somos la condenada Flecha.

05 mayo 2011

Ciel



Algo curioso de las calles riograndenses, no así de las ushuaienses o tolhuinenses, es el lánguido colorido que las demarca. Es una paleta tan infinita, como en cualquier ciudad, la que pinta las casas y los edificios, los coches o los vagabundos canes. Sin embargo, todos ellos son delicadamente diferentes al grueso: son grises.

Las veredas, el hielo y la gente, sonríen opacos a nuestro pasar. Incluso el Río Grande, que de grande poco tiene, brilla en su deslustre. Hasta su gentilicio responde a una comunidad de contraste más bien apagado. Es la ciudad donde siempre atardece. Mas no cuente con que esa falta de vívidas sensaciones es aquello que quiero hacerle ver: Au contraire, lector.

En el mundo del piso siempre frío, todos los edificios están sentados, al contrario que en las grandes ciudades. Están tirados de desgano, y al estarlo, emerge entre ellos el mayor y más potente Cielo que jamás hayamos visto: un lienzo púrpura y anaranjado enmarca las más variadas nubosidades, nunca más alejadas del algodón.

La magia también aborda los días de casi lluvia; esas eternas horas de gris pálido que nos hacen entrecerrar nuestros encandilados ojos y fruncir el ceño. Ese Cielo moteado, de tanto en cuanto, por un tono más oscuro o más claro de lo mismo que recubre las calles.

La gente ignora el espectáculo y continúa su vida de concreto y calefacción. Perpetúa su existir de pulcra y hacinada industrialización. Se abrazan, fríos, bajo las trémulas luces blancas, dignas de un manicomio o del inexistente Infierno.

Los jóvenes respiran dificultosos ante tal puesta en escena. Tiemblan horas en la negra playa, esperando el alba. Cuando el fuego ya está por cesar, cuando las brasas se abrigan de cenizas, sale triunfante el Monarca. Ilumina así todo lo circuncidante, incluyendo los rostros coloreados por la sangre, y el vapor de la respiración.

Es así como un ejército de obturadores comienza a chillar, y la sensibilidad deja de ser un estado de la psique, para convertirse en otro síntoma de la Luna y del Sol. Es así como el horizonte muestra al colorido Goliat recostado sobre el sombrío David.

En mi Río Grande, el Cielo aplasta a la Urbe.

Bruno Daniel Martínez

La Plata, Mayo de 2011

27 abril 2011

Amour

"¿Me querés?"
Y le metió el dedo en la oreja, juguetón
"¿Qué somos?"
Y le tomó la mano con fuerza, para luego cruzar sus dedos con los de ella.
"¿Me extrañás?"
Y le hizo cosquillas en los pies
"¿Hay otra?"
Y le apretó la nariz hacia arriba, dejándola como un chancho
"¿Que dejarías por mí?"
Y le mordió la barbilla
"¿Soy la que más amaste de todas?"
Y apretó sobre las rodillas, donde a ella le daba impresión.

'Acá, en frente tuyo, tenés lo que todas piden.
Justo acá, está ese que todas esperan, princesamente, sentadas en la PC.
Soy el ser, que resueltos (en su mayoría) sus problemas, está para sumarle algo a tu vida.
No solo a TÚ vida, sino a toda vida que lo merezca, y lo gane.
¿Cómo se gana? enriqueciendome: con Amor, Cariño, Bondad, y Buenas Intenciones.
Porque así crezco, y asi mi vida es dinámica y colorida, y también la de la gente que me atraviesa.
Acá me presento, galardonado, con mi título de "No Cualquiera" y te ofrezco este trato:


Recibiríase de la Sra. los siguientes ítems.

*5 levantadas semanales, con una caricia y un desayuno: En caso de lejanía -5 cuadras o más- , un mensaje de texto o una llamada a ser posible.

*3 cumplidos mensuales sobre algo que me enorgullezca (como la música, o los comentarios que crea graciosos, aunque no lo sean)

*de 1 a 3 retos diarios por estupideces: no combinar la ropa, cantar mal, comer rápido, olvidarme el celular, entre otros.

*La realización de por lo menos 5 cosas tiernas cada dos días por accidente. Ejemplo: decir alguna palabra mal, volcar el té, asombrarse por algo minúsculo, etc.

*Sonreír sinceramente de 4 a 6 veces diarias, y por lo menos por semana 1 falsamente, como demostración de que una acotación "no me parece graciosa"


Así, comprometo de mi parte a los abajo descritos bienes emocionales:


*Acomodar todos aquellos detalles de la ropa que quedaren mal puestos (cuello mal doblado, medias por afuera del pantalon, pantalon caído sin intención, etc.) siempre que fuese consciente del hecho, y no estemos en pleno público desconocido.

*Olvidarme todos los detalles que tengan que ver con números: Cumpleaños, aniversarios, años que tiene su madre, veces que le dije las cosas, hora que le dí el primer beso, entre otras.

*Omitir 2 de cada 3 iras o histeriqueos procedentes de su situación hormonal.

*Ver 1 hora de lo que tanto le gusta ver en la televisión (de eso que yo odio)

*NUNCA hacer comentarios sobre los corpiños, o cualquier ropa interior que colgase de la ducha. Tampoco comentar lo mucho que se está tardando en decir algo al teléfono, a no ser que se esté en una situación de apuro.

*Hablar de lo fantástico que es nuestro acuerdo con mis amigos, por más que me trataren de pollera, o casado. Porque si este contrato se cumpliese...

Estaría yo, enamorado de ustéd.

14 abril 2011

Asi vivía Horacio

Despertó como en un espasmo, de esos que te hacen tan raro. Esos temblequeos repentinos que te vuelven el alma al cuerpo, cuando en otras tierras te caes al piso, chocas en un automóvil, o la gravedad no te ayuda desde el borde de un acantilado.

Odiaba comenzar sus historias cuando recién se levantaba, por lo tanto, fingió ser normal hasta después de ducharse. Mientras tanto, cepillarse los dientes, el enjuague bucal y toda clase de mini manías de entre casa fueron fuertemente sobreactuadas. Nada debía ser interesante, hasta estar pasado por agua.

Y así fue. El agua cayó como estaba prevista, y sus cabellos se pusieron babosos, como tanto le divertía sentir. ¡NO! ¡Diversión todavía no! Se lamentó y soltó una que otra guasada, para sentirse regañado.

Nunca fue fácil la vida para Horacio, el hombre más interesante del mundo.

Nunca fue muy modesto, pero tampoco fue vanidoso. Era una máquina de hacer cosas entretenidas, de cumplir todo lo que el resto no se animaba a llevar adelante: Era un tipo de puta madre, y no había con qué darle.

Intentó de no alardear, de verdad que lo intentó. Sin embargo, día tras día, algo de sumo valor lúdico le pasaba casi por accidente, y tenía una jornada de pura emoción. Nadie sabía la razón de esa extraordinaria extraordinariéz, pero era indiscutible. Algunos rumorean que hasta él lo ignora.

Lo que todos saben (y cómo no saberlo), es que él en un momento determinado, se aburrió. Sí, esa es la palabra exacta, aburrió.

A los lindos lectores la contradicción les pesa como un melón en la cabeza: “¿Como es que alguien puede aburrirse de cosas interesantes? ¿No se habrá aburrido de cosas monótonas?”

No, señor lector. Las dudas son el comienzo de la ciencia, pero la EXPRESA FALTA DE CONOCIMIENTO. Por lo tanto, ¡oh, gran vidente de estas hojas! si no sabe, calle y lea.

Lo que pasa es que a Horacio, el hombre más interesante del mundo, la vocación lo llamó a la mediocridad.

No fue ni una decisión, ni una epifanía, sólo un llamado: cobro revertido, de larga distancia.

Desde ese día, un 25 de abril, Horacio dedicó su vida pararresponsable (es decir, toda la vida fuera de sus obligaciones: trabajo, estudios, vida civil, o durante el esfuerzo para no incomodar al vecino de urinal) a una lucha sin cuartel para el derrocamiento de la suerte, del destino, de ser alguien con quién la vida se hace más jugosa.

Sin embargo, como habrán notado nuestros envidiosos lectores, tuvo que empezar por dosis.

Cada semana, fingía una rutina de normalidad hasta cierto hecho referente u cierto horario. En otras palabras, se decía: “Bueno, desde que me levanto, hasta que me ato los cordones, tengo que ser corriente” o “Listo, hasta las diez y treintaisiete, no me tiene que hacer feliz nada”, entre otras máximas más o menos de la índole.

Así se lo vé ahora a Horacio, el hombre más interesante del mundo. Su ceño fruncido por lo histriónico camina delante de él por la perito moreno, hasta cruzarse a un viejo conocido de la secundaria que hace paracaidismo y que justo necesita alguien alto, delgado, e interesante para que lo acompañe.

¡Fuerza Horacio, seguir tu vocación vale la pena!