Sin valentía restriega lo último de sí que le pertenece:
Un pequeño reloj de bolsillo, y un par de cobres.
El traje peca de opaco y apesta a antaño,
y aún asi, siendo aspero incluso a la vista,
lo hacen muy elegante.
Crujió la tela cuando se reclinó y tomó asiento
"Es poco, pero el resto no se vé" aclaró
"Hay un bolígrafo, una pequeña franela, y una lupa de plata" dijo, señalando con la mirada la mano casi vacía.
"Es lo que te debía. El reloj, bueno, el reloj tiene todo el tiempo que te debía y no llegué a darte. Los cobres, los cobres son por las dudas, si tenés que volver en coche a la casa o si te querés comprar un helado de camino. El bolígrafo, representa un poco tu afán por escribir, tu anhelo de ser tinta y papel. La franela es para tus lentes, necesitas ver claro... ver claro, que ironía; El ser que más claro vió, que mas conoce, y cuya realidad... bueno, endulzaba nuestros oídos, veía todo a través de un par de gruesos cristales. La lupa... una hermosa lupa mejor dicho, fue porque con lo que mirabas los detalles quisiste mirar mas lejos, y todo fue muy borroso. La lupa no representa mas que el error que cometiste mirando todo con el mismo instrumento. Creo que todo es invisible porque nunca lo alcanzaste. O porque si lo hiciste, nadie lo vió. Tu madre te ama, y aún seguimos riéndonos de todo aquello que podrías haber escrito para nosotros. Sé que no te gustan las flores, por eso no te traje nada."
Y así, de la gran lápida se aleja, el padre previsor de ese escritor que nunca fué porque el tiempo y la insolencia de unos cuantes pares de botas no se lo permitieron.
En memoria de los artistas que no pudieron ser, porque no los dejaron. Y en honor a todos los que nos acordamos de ellos como si los hubieramos leído, y queremos imitarlos.
Bruno Daniel Martínez